Nadie sabe cómo sucede, pero una de las primeras cosas que un niño aprende en la escuela es que otros niños reciben una mesada mayor. En poco tiempo los hijos se contagian con las enfermedades de la comparación, envidia y celos; y parece empeorar con la edad.
Como usted, yo también he sufrido en ocasiones esas enfermedades espirituales, pero finalmente he hallado la cura: un profundo sentido de gratitud por las buenas dádivas de Dios y el recordatorio de que este mundo no es mi verdadero hogar. No hay nada como la gratitud a Dios para reducir la fiebre ardiente de la envidia.
Le habla David Jeremiah animándole a que tome el camino a una vida nueva. Descubra los dones de Dios. . . en Su Minuto de la Biblia.